Chocolate, el alimento de los dioses

Por Miguel Sayago

@mibrux


En septiembre se celebra el Día Internacional del Chocolate


Esta conmemoración data de hace 30 años, cuando Francia quiso homenajear a Roald Dahl. El 13 de septiembre de 1916 nació en Inglaterra Roald Dahl, autor del libro Charlie y la fábrica de chocolate, y como si fuera poco también un 13 de septiembre pero de 1957, nació Milton Snavely Hershey (USA), fundador y dueño de la archiconocida The Hershey Chocolate Company.


Por otra parte, la Organización Internacional de Productores de Cacao y la Academia Francesa de los Maestros Chocolateros y Confiteros, confirieron al 7 de julio del año 2010 como Día Internacional del Cacao, para honrar las propiedades y beneficios de este maravilloso fruto que da origen al chocolate.





La Génesis


Si hurgamos un poco más en el origen del chocolate, en nuestras tierras americanas, no podemos dejar de citar a México, donde según dice la leyenda, el dios Quetzalcoatl regaló el árbol de cacao a los hombres; que años después se conocería con el nombre científico Theobroma Cacao, que significa en griego Alimento de los dioses.


Dicho esto, quiero compartirles mi particular devoción por este alimento, que consumo desde niño, en uno de los lugares donde se cosecha el mejor cacao del planeta: mi amada Venezuela, y que, luego de adulto en los años radicado en la capital de Europa, mi hermosa Bruselas, viví la sublime exaltación de ese cacao convertido en chocolate.


El chocolate no es más que el resultado final del procesamiento de la semilla del cacao. El cultivo de dicho fruto es bastante común, además de Venezuela, en países de América, que comparten similares condiciones tropicales como su originario México, Colombia, Costa Rica, Brasil y Ecuador.


Delicioso y saludable


No solo es sabroso, el chocolate aporta propiedades que benefician nuestra salud: reduce las posibilidades de sufrir problemas cardiovasculares por sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, preferiblemente chocolate con un alto contenido de cacao, claro está, igualmente nos ayuda a reducir la presión arterial a través de los flavonoides, que son unos compuestos de origen vegetal que estimulan la apertura de los vasos sanguíneos.


Para los que somos apasionados de la eterna juventud, les cuento que comer chocolate mejora la piel y previene el envejecimiento por su contenido de antioxidantes, incluso mejor que cualquier fruta; y por si fuera poco, comer un chocolate de calidad, viene muy bien para subir el ánimo, ya que consumir chocolate negro aumenta de forma natural la serotonina, que es lo que necesita el cerebro para ganarle a la depresión.

Mimo para el alma


Varios estudios alrededor del mundo concluyen que el chocolate produce emociones muy similares al amor y la alegría, ya que al consumirlo se estimulan intensamente los sentidos del olfato, generando la producción de hormonas en el organismo.


La feniletilamina, la hormona del enamoramiento, es un aminoácido esencial que actúa como neurotransmisor y una droga natural producida por el cerebro, y es la responsable de las sensaciones del placer; también influye en el área de la energía física y mental -concentración y capacidad de la memoria-, dicho aminoácido también se encuentra en alimentos como nueces, avellanas y huevos.



Al degustar un buen chocolate, también se liberan una cantidad considerable de endorfinas, que tienen la función de reducir los dolores físicos y crear una impresión de bienestar, alegría y felicidad; incluso, se relaciona con la producción de serotonina, hormona cuyo descenso en el organismo genera depresión, problemas de control de la ira y ansiedad, entonces ¡comamos chocolate y démosle un bálsamo al alma para que estemos alegres!.


Como si fuera poco, este alimento es considerado como un afrodisíaco que ayuda a estimular el apetito sexual. Si no, pensemos en la recurrente armonía que surge entre unas deliciosas burbujas de champagne con bombones de chocolate, típicas en los encuentros amorosos, ¿Quién no ha sido participe de este romántico ritual?, si tu impulso es levantar la mano, tienes una experiencia de vida pendiente.


Armonías perfectas


Para coronar el festejo, hablemos de las armonías perfectas para el manjar de los dioses.

Pienso en chocolate y lo relaciono inmediatamente con destilados, licores, vinos fortificados, mistelas, y té; aquí el tema se complica al decidir por una bebida para acompañar las notas de frutos secos, vainilla, tostados y azúcar cocida que caracterizan al derivado de cacao.



Todo dependerá de la intensidad de la bebida y el porcentaje de cacao que tenga el chocolate. A mayor intensidad de cacao -con sus potentes notas ácidas, frutales y marcada astringencia- me viene mejor un seductor whisky escocés o un refinado ron añejo venezolano, estos últimos caracterizados por ser, untuosos, cálidos y llenos de aromas de especias dulces, frutos deshidratados y maderas finas, ayudando a suavizar el carácter de este tipo de chocolate, dando como resultado una experiencia gustativa mucho más placentera y equilibrada.


Si se trata de pensar en un vino para acompañar al chocolate debemos tener presente ciertas reglas básicas: el vino tiene que ser tan dulce como el chocolate y cuanto más cuerpo tenga el vino, más fuerte debe ser el sabor del cacao.


Con vinos espumosos y ácidos, tipo Champagne, o espumantes será más complicado armonizar bien un chocolate amargo, ya que el cacao refuerza en exceso la acidez de este tipo de vinos, por eso asociamos más las burbujas con la bombonería que usualmente tiene niveles moderados de cacao.


Con chocolates puros es aconsejable beber un vino más robusto y con más cuerpo, los llamados vinos fortificados estilo Oporto por su gran intensidad aromática, la presencia del alcohol, su dulzura y la tanicidad, armonizan a la perfección con este tipo de chocolates amargos.


Y si eres de los que no toman alcohol, la infusión de hojas de té es un acompañamiento natural de la pasta de cacao. Los chocolates con mayor porcentaje de cacao, por ejemplo, encuentran armonía con agujas de té blanco y oolongs de baja oxidación, mientras que los chocolates con leche hacen lo propio con tés negros y uno que otro té verde.


Antes de terminar, te invito a que te atrevas a probar la armonía entre el chocolate, la sal gruesa y un rico aceite de oliva virgen extra, sé que suena poco común, pero permítete darte ese gusto, te aseguro que no te arrepentirás


Con todo lo que te he contado, te pregunto ¿No te parecen suficientes razones para celebrar el Día Internacional del Chocolate?. Solo me queda agradecer a los dioses por habernos regalado otro de sus maravillosos alimentos.


Como decimos en mi Bruselas: ¡Chocolat je t'aime!


Notas


Para los fundamentalistas del chocolate -como es mi caso-, mantenemos la máxima:

"el chocolate blanco no existe", ya que el llamado chocolate blanco en realidad es una mezcla de manteca de cacao, leche condensada y azúcar que no tiene la fundamental pasta de cacao, la cual se produce a partir de las semillas del cacao, y que son en realidad, las que tienen todas las propiedades del chocolate negro.



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